Algunos consejos prácticos para evitar las peleas entre perros y para actuar en caso de que éstas se produzcan.
Las peleas entre perros son situaciones desagradables y
potencialmente peligrosas cuyos riesgos podemos minimizar desde el
momento de la adquisición de nuestra mascota. Por esta razón, si
decidimos adquirir un perro “de pelea” debemos ser conscientes de que
su cuidado supone aceptar una responsabilidad grande y hacernos cargo
de sus reacciones instintivas.
En cualquier caso es necesario que el
cachorro aprenda, a lo largo de sus doce primeras semanas de vida, que
debe responder de forma sumisa ante dominación de un perro mayor. Si un
perro no es correctamente socializado durante este periodo,
difícilmente podrá serlo después y esto le acarreará problemas en su
relación con otros perros bien por miedo excesivo o bien por
agresividad.
Un buen entrenamiento resulta también fundamental, ya que si el
perro acepta el liderazgo de su amo y le rinde obediencia
incondicional, será más fácil evitar conflictos, ya que el animal
responderá a la llamada de su dueño incluso durante los juegos con
otros perros.
Si pese a todas las precauciones se produce una pelea entre dos
perros, debemos evaluar la gravedad del conflicto antes de lanzarnos a
cualquier tipo de actuación. Si ninguno de los dos perros parece estar
en serio peligro, lo mejor es no hacer nada y dejar que resuelvan la
pelea por sí mismos.
En caso de que la pelea entre los perros revista auténtica
gravedad, es necesario actuar de manera rápida y decidida, aunque hay
que tener en cuenta que en momentos de tensión como este se cometen
numerosos errores que ponen en peligro no sólo la integridad de los
perros, sino también la del mediador.
Nunca debemos agarrar a los perros por el collar, ya que la tensión
de la pelea puede hacer que tu presencia pase inadvertida y te veas
expuesto a recibir graves mordeduras. Otras reacciones poco
recomendables pasan por dar gritos o intentar golpear a los
contendientes, ya que esto sólo conseguirá aumentar su agresividad.
La mejor actuación en estos casos precisa la colaboración de dos
personas y consiste en levantar las patas traseras de los dos perros a
la vez y obligarles a caminar hacia atrás. Si estás solo, deberás
distinguir al perro dominante y alejarlo de esta forma del más débil.
En caso de hacerlo al contrario, pondrás al perro más débil en
desventaja y lo expondrás a un grave peligro.